
Meditación Creadora: un Servicio Planetario
La técnica de la meditación gobierna todas las expansiones de conciencia, incluyendo el entero proceso de desarrollo evolutivo del planeta. Es la técnica de contacto y aprehensión espiritual, el medio de fomentar la evolución de la inteligencia humana, la capacidad de amar y poner la voluntad personal en alineamiento con la voluntad divina.
La meditación es el medio más efectivo para trascender el sentido restrictivo de separatividad y aislamiento que aprisiona la conciencia humana haciéndola fútil. Es el principal agente creador en nuestro planeta. El efecto de la meditación humana, en este tiempo, es de cambiar las condiciones, invocar las potencias espirituales superiores, trabajar con concentración - tanto vertical como horizontalmente - en el mundo de los hombres y en el Reino de Dios. Es esta actividad vertical y horizontal que contiene el secreto de la meditación creadora.
La intención de servir a la humanidad es el motivo esencial para toda meditación verdaderamente creadora. La expansión de la mente humana se basa en la capacidad de amar y servir al prójimo. El resultado final en la conciencia del individuo es la iluminación, la sabiduría y la voluntad al bien, más una capacidad creciente para cooperar en propósitos creadores y redentores de nuestra vida planetaria. La meditación como servicio planetario es tan práctica como efectiva. (1)
Meditación Grupal
Aunque la meditación en sus comienzos puede desarrollarse como una actividad solitaria, al igual que cualquier otro campo de interés, el individuo llega tarde o temprano a ser parte de un todo mayor del que extrae la significación y el propósito. Por la meditación, uno emerge a un estado de conciencia compartido con otros, un estado tan real como la existencia física, aunque caracterizado por diferentes tipos de percepción. El meditador encuentra una comunidad o fraternidad en conciencia. Así entra en la meditación de grupo.
Esto no significa que los individuos deben trabajar juntos en el mismo lugar y al mismo tiempo. EL verdadero lugar de encuentro del grupo se encuentra en el plano mental, el plano de la mente. En términos metafísicos, la meditación tiene lugar fuera del tiempo y del espacio, pero lo que es importante en la meditación grupal es el sentido de un enfoque e interés comunes, de atención grupal sobre el objeto de la meditación. Los individuos que componen un grupo están unidos por una idea y un interés compartidos y no tanto por medio de una relación personal. Los grupos pueden trabajar juntos y meditar sobre muchos sujetos diferentes, pero el tema subyacente en el trabajo de grupo es el servicio a la humanidad. De este modo, el grupo desempeña su parte en la vida planetaria. Los grupos pueden trabajar para producir mayor luz en los asuntos humanos y condicionar la atmósfera subjetiva del planeta. Trabajan con energías tales como luz, amor y voluntad al bien, ayudando a liberar estas energías subjetivas en la vida física diaria. Aunque estos grupos pueden estar trabajando para iluminar el medio ambiente humano, no utilizan la fuerza. No intentan, por ejemplo, dirigir la energía hacia la mente de un individuo o un grupo con la intención de cambiarles o influenciarles. Sin embargo, liberan luz, o crean una condición subjetiva en la cual un individuo o una nación pueden permanecer más fácilmente en la luz de su propia alma.
La participación en el trabajo de meditación grupal produce a menudo efectos secundarios sobre los individuos implicados. A medida que uno trabaja en meditación grupal, se gana gradualmente un mayor discernimiento respecto a los propios asuntos, los asuntos mundiales y la naturaleza de la interrelación de grupo. Los meditadores desarrollan un sentido de integración con sus colaboradores, así como un sentido de unidad e identidad con todos quienes sirven a la humanidad. En el proceso, los participantes adquieren un inapreciable conocimiento: aprenden por propia experiencia que hay una fuerza para el bien en el mundo, que existe un Plan para la evolución humana, y aquello que hacen en sus propias vidas y que contribuye al servicio ocasiona un cambio. (2)
Egregores benignos y malignos
Toda vida y toda conciencia se manifiestan por medio de una forma y el macrocosmos, pese a su grandeza, no podría expresarse si no fuese a través de las infinitas e innumerables vidas microcósmicas que se agitan ígneamente en cada uno de los siete planos del sistema. La inquebrantable relación Vida-conciencia-forma, constituye la actividad mágica, sea cual sea el propósito, el nivel o la capacidad creadora que surgen de no importa qué centro logoico de creación. Las formas resultantes siempre estarán de acuerdo con el triángulo constituido por la intención del Mago, el nivel de creación, etérico físico, astral o mental elegido y la habilidad conquistada para crear y mantener coherentemente las formas creadas en cualquiera de aquellos niveles.
Examinemos, por ejemplo, el caso de los Egregores que la bondad o la maldad de los hombres ha creado en las zonas etérico-físicas del planeta, formados por una increíble cantidad de elementos atómicos y compuestos moleculares extraídos de cualquier esfera dimensional del Espacio. Para el investigador esotérico que ha desarrollado la clarividencia causal, cualquiera de estas “masas atómicas”, oscila alrededor de un núcleo central impuesto por una intencionalidad creadora que se está manifestando. La relación magnética establecida entre esta intención y cada uno de los elementos etérico-psíquicos invocados constituyentes de aquella masa, pone en actividad un tipo de conciencia –digamos dévica– que organiza, proyecta y desarrolla la forma geométrica de la masa molecular así creada. Tenemos ahí la representación de las cualidades y de los defectos, de las virtudes y de los vicios engendrados por la humanidad, pues debido a su innata y desdichadamente todavía inconsciente capacidad creadora, existe una gran cantidad de Egregores, benignos unos, malignos otros, que están flotando en los niveles etérico psíquicos del planeta, esperando la más mínima oportunidad que se les ofrezca para manifestarse en los ambientes sociales del mundo. En esencia, tal es el sentido de la historia y la base de la civilización y cultura de los pueblos de la Tierra.
En el desarrollo de la actividad mágica planetaria, siempre se hallan presentes como inseparables testigos del drama humano, estos dos exponentes de la dualidad planetaria, el Bien y el Mal, y la consecuente lucha entre sí de estos dos gigantescos Egregores disputándose la presa del alma humana. Los Adeptos de la Magia blanca planetaria, los Teúrgos de la Buena Ley, y los adeptos de las sombras, o Magos negros, mantienen una terrible y constante pugna en un intento, sancionado por las leyes de la polaridad universal, de atraer a sus bandos respectivos cuantos más aliados posibles de entre las entidades que constituyen la raza humana, induciéndoles hacia el bien espiritual unos, hacia el apego material otros.
Al clarividente entrenado, un discípulo de la tercera iniciación jerárquica, por ejemplo, le es sumamente fácil observar desde el plano causal, o mental superior, las formas geométricas de los Egregores, buenos y malos, así como la composición molecular de sus masas y sabe mucho más acerca de esta composición orgánica –si podemos decirlo así– que los más preclaros químicos del mundo, los cuales no han desarrollado todavía la clarividencia etérica que les permitiría observar la transmutación alquímica de los elementos etéricos procedentes del cuarto éter del plano físico planetario en átomos de hidrógeno, con lo cual iniciarían una era de investigación científica más completa que les informaría de la presencia de una prodigiosa serie de elementos químicos y compuestos atómicos, que sus más adelantados y sofisticados medios técnicos no han logrado todavía descubrir.
Transmutación de los Egregores
La atracción magnética, ejercida por el adepto de la magia negra planetaria, se realiza por medio de ciertos malsanos Egregores. El Egregor es una forma psíquica creada por la voluntad hacia el bien o hacia el mal de los seres humanos, de los componentes de la humanidad terrestre. El Egregor creado por los Magos negros en colaboración con la humanidad poco evolucionada, es robustecido por los devas de las sombras a quienes en lenguaje oculto se les denominaron con justicia “señores del cuadrado”, pues se hallan especialmente activos en los niveles específicos del cuaternario humano. De ahí se infiere –por simple analogía– la presencia de las formas cúbicas, frecuentemente irregulares, de los compuestos moleculares mediante los cuales se crean psíquicamente los Egregores del mal. La figura del cuadrado, coloreada por los sombríos colores anteriormente reseñados, indicará siempre a la percepción del clarividente entrenado, el tipo de magia que se está realizando y el objetivo siniestro que está persiguiendo el Mago negro. Por esta razón y de acuerdo con el buen karma de la humanidad en su conjunto, los Magos blancos pueden entorpecer y aún inutilizar el trabajo cuidadosamente elaborado por los Magos negros, situando entre ellos y su obra, compuestos moleculares de alta vibración magnética procedentes de los planos superiores del planeta.
Los compuestos atómicos previstos y las vidas dévicas intermoleculares utilizadas por el Mago blanco en su trabajo de crear los Egregores del Bien, se caracterizan por sus brillantes colores y bellas composiciones geométricas poliédricas, cuyas formas suelen ser piramidales, cónicas, cilíndricas o esféricas. Los colores variarán de acuerdo con la obra mágica a realizar y sus tonalidades en azul, amarillo, violeta claro o rosado serán siempre límpidos, cristalinos y refulgentes. A la observación clarividente, tales composiciones indican sin lugar a dudas la obra benéfica que el Mago blanco intenta llevar a cabo.
Cada grupo de devas superiores o inferiores, activos en cualquier nivel en la vida de la Naturaleza, emite ciertas notas o sonidos que le son propios y característicos o que concuerdan con su evolución espiritual. Así, el Mago, sea cual sea su condición, deberá conocer estas notas y reproducirlas bajo forma de invocaciones o mántrams. El mántram –como ocultamente se sabe– es un Sonido, o grupo de sonidos, mediante los cuales el Mago invoca y se hace obedecer por las huestes dévicas que constituyen los elementos vivos de la Naturaleza, sean de la tierra, del agua, del fuego, del aire o del éter en sus diversas modificaciones.
Con respecto a los Magos blancos, el conocimiento de los mántrams es obtenido durante la ceremonia de la Iniciación y en cada nueva y superior Iniciación se les comunican nuevos mántrams los cuales se suman a los mántrams anteriormente revelados, constituyendo una serie de Sonidos y Palabras que les permitirán extender su poder por zonas cada vez más amplias e incluyentes. El radio de acción de la Magia se extiende así a medida que se van recibiendo las sucesivas Iniciaciones, desde los niveles etéricos hasta el reino monádico. Cada Iniciación marca la pauta de un nuevo y más fecundo trabajo mágico y se amplía hasta el infinito el conocimiento del plan mágico planetario, llevado adelante por el Señor del Mundo. Se prevén fácilmente así los resultados de la acción mágica y el Mago blanco es cada vez más poderoso y al propio tiempo más prudente y circunspecto en sus actividades mágicas. Empieza a ver –al igual que el Gran Regente Planetario– “el fin desde el principio”. Al conocer los planes planetarios, tal como surgen de SHAMBALLA, le es revelado también el conocimiento relativo a las condiciones que rigen para cada nivel de trabajo y para cada grupo de Devas. Le son comunicadas entonces las fórmulas mantrámicas mediante las cuales le será posible alterar a voluntad ciertas condiciones ambientales y convertirse en luz e inspiración para muchas almas anhelantes. Esta será desde entonces su verdadera Obra Mágica y en el desarrollo de esta misión consciente y deliberadamente aceptada, será ayudado siempre por los grandes Regentes del Plan de evolución planetario y por la increíble cantidad de huestes dévicas, que trabajan incansablemente y desde el principio de las edades para el florecimiento del Bien dentro del corazón humano. (3)
Referencias:
(1) La Ciencia de la Meditación – Folleto Fundación Lucis
(2) La Ciencia de la Meditación – Folleto Fundación Lucis
(3) Magia Organizada Planetaria, por Vicente Beltrán Anglada, pág. 42 / 51

















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